Despertando
Despertando del inmenso calor que profiere el inundante universo del corazón, me vi en medio de un lago frío y desconcertante. No sabía porque yací flotando en un pedazo de piel ruborizada y húmeda por un sudor candente que desvanecía mediante escalofríos en mi propia cutícula. Ahí en el centro del agua, rodeado de hielo, despedía mis esfuerzos en respirar de forma blanca y volátil. Necesite mirar más allá, pero apenas me separe de mi embarcación deje de sentir mis piernas y caí abrazándola con todas mis fuerzas. Debería hacer algo pronto, cada segundo que pasaba era menos para mi falúa. Su calor menguaba poco a poco y mis escalofríos aumentaban con rapidez. El agua ya tocaba mi piel y mi embarcación echa de recuerdos y de mi amor se hundió. Su calor corrió entonces a la orilla y yo salte entre el hielo aguantando mi dolor y mi orgullo. Empapado se esfumaba mi vida, pero perseguí a mi fuente de calor. No perdería así de fácil mi baúl de esperanzas, no dejaría que la frialdad que reinaba la mayor parte del tiempo a la personalidad de mi barco me desanimara. “Siempre quedaría una ilusión colgando en tu pecho al lado de tu corazón…”

